Terapia Vacacional

Damos el pistoletazo de salida al chancletazo libre y al culo carpeta en silla de plástico. Comienza el periodo vacacional por excelencia, para muchos el tan ansiado momento de perder de vista al jefe, a los compañeros de trabajo, al camarero del bar de enfrente e incluso a la propia familia, para otros al fin un periodo de tiempo de verdadera libertad para trabajar en lo que realmente importa, en lo que nos hace grandes fuera del entramado empresarial: nuestra creatividad.

Ansiamos tanto estar lejos de todo y de todos que necesitamos huir, volatilizarnos, desaparecer y fingir durante al menos quince días que hemos sido abducidos por rayos ultravioletas y que nuestro cerebro permanecerá inactivo hasta nuevo aviso. Al fin hay excusa para la desconexión, para tumbarnos a la bartola y hacer el vago sin sufrir recriminación alguna.

“Es tan poco tiempo con el que contamos para descansar de la rutina diaria, anual y vital, que más que de vacaciones deberíamos hablar de tratamiento de choque.”

Da miedo pensar en que estado de ansiedad, desesperación y hartazgo se encuentra nuestra persona para preferir pelearnos por un trozo de playa donde poner la toalla, beber sangría aguada a cuarenta grados o describir el hastío del pueblo como “esa tranquilidad que necesitábamos”. Es tan poco tiempo con el que contamos para descansar de la rutina diaria, anual y vital, que más que de vacaciones deberíamos hablar de tratamiento de choque: Haz todo lo que te gustaría hacer durante el resto del año a marchas forzadas, no pienses en cómo podría ser tu vida sin ese trabajo que tanto te agobia, sé feliz y házselo saber a todo el mundo, en especial a los que no tiene vacaciones como tú; pero sobre todo, bajo ningún concepto hagas algo productivo, la productividad fuera de control ahora mismo es tu mayor enemiga.

Esta necesidad imperiosa de olvidar nuestra vida anterior, anterior a ese maravilloso día en que comienzan las vacaciones, es la respuesta natural de un cuerpo que no termina de habituarse a una sociedad que juzga y valora a las personas por su grado de eficiencia, eficacia y utilidad. Vivimos demostrando constantemente que no somos unos vagos, que la contemplación y el descanso hay que merecérselos, que ya estamos casi inmunizados a a ferocidad del mercado laboral ¡Y pobre de ti como seas proclive a la buena vida!

Qué absurdo autosometimiento, qué falta de perspectiva y de ambición. Trabajar no es esto que nos presentan como tal. Trabajar son muchas otras cosas y muy diferentes, que puede incluir tanto tumbarse a la bartola como producir por voluntad propia. Un trabajador no necesita un contrato de trabajo, un trabajador lo es y punto. Otra cosa muy distinta es que pueda vivir de ello y obtenga la bendición de las hordas de empleados que resarcen su angustia vital tachando de inútiles a quienes administran su potencial creativo de forma razonada y no impuesta.

“¡No, yo no soy un vago! Mi imaginación no descansa. Los vagos son ellos, los que dicen que trabajan y no hacen sino aturdirse y ahogar el pensamiento.”

Siempre he sentido cercanos a la mayoría de los escritores, porque ellos comprenden la difícil tarea del ensimismamiento, lo complicado del razonar, reflexionar y tratar de ser consecuente con uno mismo en la vida. Pero me gustan especialmente las palabras de Miguel de Unamuno en boca de Augusto Pérez, protagonista de Niebla: “¡No, yo no soy un vago! Mi imaginación no descansa. Los vagos son ellos, los que dicen que trabajan y no hacen sino aturdirse y ahogar el pensamiento.”

Es difícil vivir con la enorme carga de saberse incapaz de obedecer sin cuestionar la orden, con el constante sermoneo de quienes no entienden que para avanzar es necesario romper con lo establecido, proponer nuevos caminos y, sobre todo, creer que cada esfuerzo realizado tiene un sentido.

Por eso este verano trabajaremos, trabajaremos todo lo que no nos han dejado trabajar mientras trabajábamos. Curiosa paradoja. Y lo haremos a cuarenta grados desde una pegajosa silla de chiringuito con una cerveza caliente escuchando la canción del verano si hace falta.

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